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Obama ganó con la ayuda de la Generación O

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Tienen grandes expectativas. Dejaron de lado la ironía. Montones de ellos votaron por Obama. Están condenados a la desilusión.
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Noviembre 16, 2008

Por DAMIEN CAVE

Es probable que los votantes jóvenes que llevaron al senador Barack Obama a la victoria en la elección presidencial de Estados Unidos sean conocidos para siempre como la Generación O. Fueron la fuerza que motorizó el amplio alcance de la campaña, abriendo cientos de oficinas de Obama en zonas alejadas, empadronando votantes y convenciendo a parientes viejos de apostar al hombre cuyo segundo nombre es Hussein.

Este año fueron a votar más personas de 18 a 29 años de edad que en todas las elecciones desde 1972 –entre 21,6 millones y 23,9 millones, comparado con los alrededor de 19,4 millones de 2004, según cálculos preliminares del Centro para la Información y la Investigación de la Instrucción y el Compromiso Cívico. El 66% votó por Obama, según las encuestas en boca de urna de Edison/Mitofsky.

Muchos vieron en Obama los valores que los sociólogos y los críticos culturales les atribuyen a ellos mismos.

Están convencidos de que el gobierno, con él, valoraría la divulgación y la transparencia. Que la nueva moda sería el trabajo en equipo sumado a la meritocracia.

Ante la realidad de tener que enfrentar dos guerras y una crisis financiera, esta generación tal vez descubra pronto los límites de su enfoque a favor del consenso y de la fe inquebrantable en las redes y la comunicación. Por otra parte, con la modalidad que implementó de movilizar a sus seguidores jóvenes por Internet, es posible que Obama esté alejando a la gente de más edad.

A lo largo de toda su campaña, Obama creó una imagen de apertura con sus seguidores a través de una corriente permanente de mensajes de correo electrónico y textos en Facebook. Sus seguidores saben, por supuesto, que los mensajes de texto de “Barack” son obra de un colaborador de campaña.

“Es como si te hicieras amigo de él informalmente”, dijo Reid Johnson, de 31 años, voluntario en la oficina de Obama en Wilson, Carolina del Norte. “Creo que todos se apropian de eso porque tienen la sensación de que lo conocen”.

Solamente un presidente electo birracial, amante del hip hop y jugador de básquet enviaría a sus seguidores un mensaje de correo electrónico la noche de la elección diciendo: “Estoy a punto de salir rumbo a Grant Park para hablar con toda la gente allí reunida, pero antes quería escribirte”.

Lo firmó simplemente “Barack”. Después de todo, eran amigos. Él y sus mayores fans, la generación de jóvenes adultos que lo votaron en cantidades récord, habían bregado a la par durante 21 meses de campaña.

Y en su momento de triunfo, Obama compartió el brillo del éxito. “Todo esto pasó gracias a ti”, decía el mensaje de correo electrónico. “Juntos, acabamos de hacer historia”.

Ese simple “juntos” en millones de bandejas de entrada, marcó de algún modo el comienzo de la era post-baby boom. Las interminables batallas “nosotros contra ellos” de los sesenta, desatadas por Vietnam, el aborto, la raza y el género, al menos por un momento la noche de la elección, quedaron tan fuera de foco como un teléfono con disco.

Y sin embargo, el éxito arrollador de Obama también podría engendrar problemas. “El riesgo es que votan por primera vez y además está la cuestión de la victoria que parecía imposible –‘Vaya, qué fácil es”, dijo Kurt Andersen, escritor y ex editor de New York Magazine.

También existe un “riesgo de que esta generación fusione nuestros iPhones con el avance importante de las políticas que permiten los iPhones y las laptops”. Inevitablemente, dijo, “crecer tiene que ver con la decepción y las cosas que no salen bien –o sea que es un siguiente paso natural”.

El dolor de las expectativas frustradas, si llegara a presentarse, podría verse aliviado por el consumo de medios informativos que ha vuelto a esta generación fantásticamente informada y escéptica.

O podría verse agravado por la psicología de cómo llegó a la mayoría de edad.

Para Ronald Alsop, autor de The Trophy Kids Grow Up: How the Millennial Generation Is Shaking Up the Workplace, como los jóvenes estadounidenses actuales están entrenados para confiar en equipos y sistemas –les encantan las listas de control– muchas veces pasan apuros cuando las cosas no salen de acuerdo con lo planeado.

También les han dicho toda su vida que están destinados a la grandeza. Han visto cómo jóvenes de 25 años se hacían millonarios de la noche a la mañana con empresas como Google, y después de ayudar a Obama a ganar, la pregunta es si van a conformarse con menos que un papel central.

“Están acostumbrados a recibir montones de premios y mimos de los padres, instructores y profesores”, dijo Alsop. “Si los ponen en algún puesto menor, en un entorno político o empresarial, no van a estar contentos”. En la página de Obama en Facebook, ya hay seguidores como Viki, que escribieron, “Por favor, que el diálogo siga”.

Casi al instante, el presidente electo Obama introdujo un nuevo sitio en Internet, Change.gov, el 6 de noviembre. “Compartí tus historias y tus ideas”, dice, “y sé parte del inicio de un cambio positivo duradero en este país”. El sitio es en muchos sentidos una prolongación de la campaña de Obama: informal, sereno, interactivo. Pero si éstos son los rasgos de los jóvenes, ¿podría despegarse de los estadounidenses de más edad?

Es muy probable que muchos baby boomers no se sientan cómodos. Peter Wolson, ex director del Instituto y Sociedad de Estudios Psicoanalíticos de Los Angeles, comentó que la década de 1960 ayudó a los baby boomers a desarrollar una profunda sospecha de “lo otro”. Su mundo estaba bifurcado: proguerra versus antiguerra; comunista versus capitalista.


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