La presencia de la tecnología en el escenario familiar (I)

Tecnología que incomunica.
El modelo de familia parece trascender los tiempos. Fuente: http://renewcanceltv.com/modern-family-cancelled-renewed-season-7/

El modelo de familia parece trascender los tiempos. Fuente: http://renewcanceltv.com/modern-family-cancelled-renewed-season-7/

Sin querer caer en los lugares comunes o las frases de todo es malo en exceso, que ya conocemos y podemos aplicar también para cualquier tipo de práctica que contemple el uso de tecnología de forma explícita (ya que todo es tecnología como veremos), dar mayor libertad a los hijos en el uso de tecnología  pasa por la modificación de los rituales y tradiciones con las que “la nueva generación de padres” tiene una idea de educación.

 

Comiendo pantallas. Fuente:http://www.educationnews.org/

Comiendo pantallas. Fuente:http://www.educationnews.org/

 

Haber encontrado en las pantallas un primer sustituto de nosotros mismos al ver que los entretienen y “mantienen tranquilos”, mientras que nos ocupamos de otras cosas, es una de las primeras prácticas que sin quererlo volvemos una costumbre que luego se lleva a los espacios que eran tradicionalmente para conversar o formar en valores, como el momento de la comida en familia o incluso el juego en equipo.

 

La costumbre comienza a hacerse “conscientemente peligrosa” cuando nos percatamos de que aquello que los entretenía y queríamos que les enseñara, nos remplaza y hace que queramos “devolver la cinta” para que nos presten atención. El phubbing nos ha atrapado.

 

Fuente: http://mirror.co.uk

Fuente: http://mirror.co.uk

El uso de dispositivos móviles, para puntualizar en un espectro del campo tecnológico, tiene de “peligroso” la pasividad que puede generar desde el consumo y formación de hábitos exclusivos y excluyentes. Que el individuo tenga como actividad primordial ver o leer todo lo que pasa en una pantalla o que solo lo haga en ciertas horas (o en todas) y en ciertos lugares (o en todos), sin comentar o sacar de esos escenarios lo que “consume”, sea con la familia, con sus compañeros o con alguien que no esté en esa tecnología, prevé y permite observar prácticas y conductas que por falta de comunicación y consciencia, no le permitirían su desarrollo en sociedad. Lo “peligroso” de estas prácticas de-genera y se manifiesta en transtornos de ansiedad, dependencia o problemas de aprendizaje.

Acerquémonos a este tema desde otro extremo, qué pasaría si toda nuestra vida sucediera dentro de una pantalla: lo que hiciéramos allí no tendría ningún problema, siempre y cuando no tuviéramos que hacer nada fuera de ella. Adoptaríamos tareas, formas de comunicarnos y hasta de comportarnos de una manera tal que, con el tiempo, hallaríamos “seres” con quienes no solo nos comunicamos sino que debemos aprender a entender y comunicarnos. Con poco o mucho tiempo aprenderíamos valores y costumbres que nos permitirían “habitar” allí.

 

Si tenemos la oportunidad de dialogar con alguien acerca de sus experiencias en la red (un residente digital), nos comenta cómo aquel sujeto (lugar, persona, cosa) hizo algo y eso tuvo algunas características: fue replicado por otro más, tenía algo que le llamó la atención (o no); le transmitió una forma de ver el mundo, se expresó o intercambió información de alguna manera. Si este joven viviera efectivamente en esa red, probablemente asumiría comportamientos derivados de esos hábitos aprehendidos o generados por la comunicación con esos “alguien” con los que se encuentra y comunica. De este modo, no está haciendo nada excluyente porque no tiene que hacer nada exclusivo, sus ritos, costumbres y en general, sus formas de comunicarse hacen parte de una forma de ver ese mundo: vive allí.

 

Pero la realidad es otra, existen formas de pensar y actuar que se distancian entre lo virtual y lo presencial, de formas más obvias de las que podríamos considerar.
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