Referentes

La huella de quien se rehusó al flujo

Acerca de mi Maestro, Fernando Vásquez Rodriguez.

Hace poco llegó la noticia. Fernando Vásquez Rodríguez murió. Murió quien durante años había predicado que muere quien no tiene un proyecto. Lo repetiría cada vez que alguien en su círculo cercano se acercaba al “cierre”: el pensionado, el colega ya jubilado. Hablaba porque había estado leyendo (pensando, escribiendo) sobre la muerte, su inevitabilidad, y pensaba en voz alta la situación de quienes lo rodeaban. Pero la muerte no fue nunca un tema abstracto en su boca: era una conversación en la que sus cercanos nos veíamos reflejados, en la que la urgencia de la vida -tener algo que hacer, alguien con quien hacerlo- dejaba de ser vaga.

Se fue hace unos meses, despidiendo lentamente; nos dejó “oficialmente” el pasado 4 de julio… y ahora que se ha ido, eso que decía cobra un peso diferente. Quedaron sus proyectos. Decenas de ideas que lanzaba, globos que infla ante quien estuviera dispuesto a seguir el vuelo. “Eche globos, mijo”, decía. “Por ahí se empieza.” Estoy seguro que veía la amistad como proyecto. A cada uno de los que tuvimos el privilegio de llamarse su amigo, lo veía como terreno donde sembrar, donde cultivar, donde la conversación no era intercambio sino siembra.

Lo que queda ahora es el trabajo de reconocer qué sembraba en cada uno de nosotros.

La delegación silenciosa

La academia y nuestros espacios están siendo inundados por escritura automática. Textos fluidos, rápidos, que llenan ausencias. El efecto es previsible: quien los lee piensa como el texto le sugiere. Superficialmente. Sin fricción.

Lo que sucede tiene nombre: delegamos. Le pasamos a la máquina lo que nos corresponde hacer. Pensar con pausa. Pensar con el peso de la propia duda. Pensar con lo que Cortázar llamaba resistencia. Y mientras delegamos eso, algo se desvanece de la escena: nosotros mismos. No es comodidad lo que ganamos. Es una desaparición, lo hemos venido comentando.

Fernando escribía de otra manera. Sus textos exigen que estés ahí -presente, desubicado a veces, atrapado en la sinuosidad de quien piensa escribiendo-. Leerlo, hablar con él, no ofrecía respuestas dispuestas. Ofrecía presencia. Ofrecía la exigencia de pensar junto a alguien que se negaba a pensar por uno, a simplificar lo que otros habían enredado. Eso no se delega. Esa responsabilidad es enteramente nuestra.

Octavio Paz escribía que la poesía es ruptura, libertad entendida como confrontación con lo que nos quiere dóciles. Los textos de Vásquez tienen ese espíritu: no facilitan, provocan. Y en esa provocación está su ética. La idea de que un profesor no está ahí para hacer más sencillo el pensamiento ajeno, sino para hacerlo inevitable.

Los espacios donde la palabra respiraba

Con su sensibilidad para las comunicaciones, Fernando comprendió algo temprano: la palabra guardada en libros (proyectos editoriales) había dejado de ser suficiente. Necesitaba otros lugares. Necesitaba espacios donde la comunicación fuera algo distinto. Podcast donde su voz pensara en voz alta. Un sitio web donde escribir fuera pensar.

Eso que acometió en 2010 y vio la luz en 2012 no era un blog convencional. Era un laboratorio. Cada entrada un acto de resistencia contra las plantillas que normalizan la escritura. Usaba su “disciplina de Búho” -así me decía él cuando se metía y me invitaba de noche a torcer los códigos, a dar forma, a forzar el lenguaje digital hasta conseguir que la palabra respirara de otro modo-. La diferencia entre su blog y cualquier otro: cada texto menos fluido que cualquier cosa que el algoritmo de hoy pudiera generar. Más exigente. Más necesario.

De 2012 a enero de 2026: 700 entradas. 15 mil respuestas de lectores que fueron a dialogar con él, no a recibir conclusiones. Siete años de documentar el pensamiento en movimiento. De confiar en que el lector podría -y debería- detenerse.

La herencia no se guarda

Una colega habló del heredero y la herencia. Creo que nosotros quienes le conocimos (en vivo o por sus textos) somos ambos. La herencia no es un depósito que se custodia en la bóveda de la academia. Se administra. Se trabaja. Se cultiva con lo que él nos dejó: la confianza de que entre una palabra y la siguiente hay una distancia que solo se habita pensando. La responsabilidad de escribir con fricción. La convicción de que la máquina no puede -y no debería intentarlo- hacer eso por nosotros.

Eso significa que ahora debemos hacer lo que Fernando hizo toda su vida: rehusarnos al flujo. Escribir como quien piensa, no como quien rellena espacios. Confiar en que nuestros estudiantes pueden detenerse. Confiar en que la pausa es productiva, que la pregunta sin respuesta rápida vale más que la certeza que zanja.

Ahora que se ha ido, reconocemos lo que hacía. Enseñaba a desconfiar del flujo. Documentaba las razones por las que la demora, la sinuosidad, la exigencia tienen sentido. Y dejó, en su blog, en sus libros, en sus conversaciones, huellas que siguen exigiendo.

El mejor homenaje no es llorarlo, ni lamentar que se le haya acabado el tiempo. El mejor homenaje es leerle. Volver a sus textos -largos, sinuosos, exigentes- y permitir que nos enseñen de nuevo a pensar. A escribir de otro modo. A no delegarle a la máquina aquello que nos corresponde. Porque mientras leemos a Fernando, mientras nos detenemos en sus párrafos, mientras sentimos el peso de sus preguntas, Fernando sigue ahí. Sigue sembrando globos.

Y nosotros todavía tenemos tiempo para hacerlos volar.


Nota: Quienes lo conocieron pueden seguir sus escritos y reflexiones en fernandovasquezrodriguez.com.

Investigador y educador universitario apasionado por la convergencia entre pedagogía y tecnología. Con una sólida formación en Lingüística Hispanoamericana y especializaciones en entornos virtuales y gestión de proyectos e-learning. Mi misión es transformar la educación a través de experiencias innovadoras, tanto en entornos presenciales como virtuales. Mi enfoque está en capacitar docentes y formadores, promoviendo el uso creativo y crítico de las tecnologías en el aprendizaje. A través del diseño de experiencias, la consultoría, la mentoría y conferencias, busco inspirar a otros a explorar el vasto potencial educativo que la tecnología ofrece. http://www.escrituradigital.net/bio

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