Globalización 3.0

Enrique Dans, uno de los blogueros que más reviso, comenta en una de sus más recientes bitácoras que el cloud computing va a ser un término de moda durante los próximos años. Y afirma además que no es nuevo pues se trata de una reelaboración de otro concepto denominado utility computing.

Precisamente para estos días he estado digiriendo un texto muy nutritivo de Thomas Friedman que ya había tenido oportunidad de encontrar en inglés, pero ahora puedo leer sin afanes y por completo; se trata de «La tierra es plana» (2005, con edición en español por Planeta de 2006).

Mientras que Dans afirma que la «computación utilitaria» de los sesenta, es inspiración o se conecta de algún modo con la actual generación de la cloud computing. Yo agregaría que no solo eso, sino que es un modelo de negocio y en general de trabajo y comunicación que en algunos países latinoamericanos tardamos aún en aplicar (de cualquier lado de la nube). El cloud computing, es la asignación de tareas a computadores con espacio de almacenamiento y capacidad de procesamiento libres; es el símil de una forma de teletrabajo sostenida por muchas empresas, que contratan personal en países con menor obligación tributaria para poder desconcentrar eslabones de sus cadenas de valor.

Cuando un país o una empresa deja las tareas automáticas o la sistematización de las mismas (eslabones de su cadena), a otras empresas y en este caso especialmente con empleados en otros países, no solo permiten que quienes se encuentren en la empresa propietaria de la información se especialicen en otros campos de su cadena de valor, sino que por otra parte justifica la formación técnica y tecnológica que se fomenta en muchos de nuestros países, que no privilegia el pensamiento crítico y creativo.

Como tal, podríamos pensar que el cloud computing no afecta a nada y a nadie. No tengo problema en dejar mi computador encendido toda la noche para que procese la información de Astroseti, o que un tercero instale en mis computadores programas que como un troyano aprovechan carga de procesamiento mientras que escribo esta nota, con eso no hay problema. Lo que sí creo que fomenta el cloud computing como forma de empleo, es la ampliación de la brecha digital.

Si los países que manejan la información tienen la habilidad de dejarle los eslabones duros de roer a los que no la poseen y que tienen la habilidad de dejársela «proponer», y además les pagan. Estaremos dedicando tiempo valioso de computación a hacer lo que no pueden hacer otros. En tanto la globalización se vive en los países propietarios de la información, la mayoría de países se dedican a procesar el trabajo pesado y se convierten en los países obreros de la misma. Los primeros desarrollan la tecnología de punta, los avances; mientras que los segundos se dedican a procesar las tareas mecánicas, necesarias para el desarrollo de la tecnología de punta, sin disfrutarla.

Una ventaja que le veo a esta computación omnipresente, es que nos permite desarrollar pensamiento crítico a la vez que manejar los pormenores de los procesos mecánicos. Doble trabajo, por supuesto, pero si no queremos aportar con el ensanchamiento de la brecha digital, será la única opción: construir el puente de los otros y desarrollar la habilidad de pasar por él.

Friedman habla de las eras de la globalización: la 3.0 es la era en la que el individuo, no los países, no las empresas, son los responsables por competir y vivir su propia aldea. Con el cloud computing, a diferencia de con el crowdsourcing, estamos regresando a la era de la globalización 2.0, en la que las empresas se vuelven nuevamente monopolios de información y los individuos desaparecen entre esferas de marcas y etiquetas.

Lo único que queda pensar es que la globalización, tal como se podría describir, no es global y que precisamente el retraso de unos es el impulsador para el desarrollo de otros: el cloud computing es un brote de delegación de tareas que aumenta el rezago entre los países con posibilidades de globalización real. Esto se hace tangible cuando encontramos que los países con mayor mano de obra, por lo barata especialmente, son China y la India, ellos no vivían aún la globalización (el primero especialmente, no obstante ya ha fortalecido su economía), mientras que los países de quienes reciben los trabajos que hay que hacer o por los que hacen lo que hacen, avanzan en la cresta de la ola en creatividad y desarrollo (I+D). De este modo, las manos trabajan y las cabezas disfrutan (…). La globalización no es para todos.

Finalizo considerando que lo más importante no es encontrarse en la cresta de la ola de la globalización (o de lo que sea), sino saber navegar en ella sin caer o dejándose ahogar.

Acabo de leer el reporte anual de Microsoft (gracias Enrique). Y de verdad, no creo que le quede mucho tiempo a esta otrora gran empresa. ¿ Será que con la salida de Gates y el retiro forzoso de Jobs no solo se concluye una generación de desarrollo, sino que se abre una nueva sobre otras columnas ? ¡ Social Media !

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