Fundamentos y prácticas

Fundamentos y prácticas
Aprender con tecnología
¿Qué herramienta o metodología puedo usar para enseñar o aprender con tecnología?

En la apuesta por identificar estrategias y ejemplos para realizar nuestros ejercicios de enseñanza-aprendizaje con el uso de herramientas y recursos virtuales, algunos de nosotros hemos tenido que hacer acopio de tutoriales, los buenos oficios de algunos de nuestros estudiantes y en no pocas oportunidades del uso instrumental de tecnología para continuar con nuestra labor pedagógica.

Para quienes ya tenemos algún dominio o facilidad para el uso de tecnología, podríamos decir que la ruta se hace más corta. Por eso me anima mucho poder apreciar aquellas prácticas en las que mis colegas no se amilanan frente al uso de tal o cual tecnología y aún así sobre la aplicación, el programa, la página, el dispositivo, prevenimos cuál es o podría ser su uso pedagógico.

Aunque por las contingencias de orden sanitario en muchos escenarios se haya visto la necesidad de obligar a docentes y estudiantes a un uso instrumental inmediato, es importante que a nuestras prácticas les vayamos dando fundamento: darle un carácter y objetivo propio a la presencia de la tecnología en cada situación y experiencia de enseñanza-aprendizaje es vital para salir de estas cuarentenas de presencialidad y retomar con más insumos la incorporación transparente de tecnología dentro y fuera de las aulas.

Un docente, un estudiante y una visión de la enseñanza y el aprendizaje «renovados».

Como lo decía anteriormente, es importante que como diseñadores de experiencias, no dejemos en manos de la tecnología lo que ella espera de nosotros, démosle sentido en la cabeza de cada uno de nosotros.

En el descubrimiento cotidiano que debe ser el darle fundamento a las prácticas que realizamos con tecnología, pongo en consideración siete elementos de discusión que Rena Pallof y Keith Pratt condensaron hace ya varios años (2003). Cada uno de estos elementos tiene el valor de principio pedagógico. Cada uno de ellos, analizado a la luz de lo que tanto docentes como estudiantes estamos experimentando, nos permite darle a la tecnología un respiro mientras que volvemos los ojos -de nuevo- a la pedagogía.

Principio 1. La buena práctica anima al estudiante a tomar contacto
Este principio nos anima a que desde el comienzo facilitemos la curva de aprendizaje en el acercamiento a los medios que usamos para interactuar. Proponer muchas plataformas, muchos programas o accesos que requieran innumerables claves o rutas distrae, tanto o más que si el profesor no ofrece un paso a paso acerca de lo que el estudiante debe hacer.

Principio 2. La buena práctica anima la cooperación entre los estudiantes
Este principio nos anima a diseñar ejercicios en los que, como promueve el aprendizaje experiencial y las pedagogías contemporáneas, el estudiante sea el centro y la interacción sea el canal. Debemos promover ejercicios en los que se plantee la comunicación-cooperación entre estudiantes.

Principio 3. La buena práctica facilita un aprendizaje activo
A diferencia de la instrucción presencial, en la instrucción mediada por tecnologías digitales no tenemos tanta práctica en la promoción del aprendizaje activo; abrimos una sesión en línea y nos contentamos con que el estudiante haya entrado sin saber si sigue allí después de nuestro saludo. Planteamos lecturas eternas sin pausa o sin producto cuando el estudiante necesita (y debe) ser más productor y menos consumidor, también y más en escenarios de aprendizaje. Menos cátedra (tradicional de la presencialidad) y más espacios de elaboración conjunta son la consigna e invitación en entornos virtuales.

Principio 4. La buena práctica implica un feedback rápido
En una entrada previa comentaba que si no recibimos retroalimentación no sabremos si hemos dicho algo. Esto sucede tanto en el rol de estudiantes, como en el rol de profesores. Y esto significa no solo que debemos proporcionar una retroalimentación para las tareas que tiene calificación, sino también para cualquier comunicación dentro y fuera de un escenario de enseñanza-aprendizaje.

Principio 5. La buena práctica pone énfasis en el tiempo en la tarea
En otras palabras, sin objetivos toda tarea es paisaje. Lo mismo sin tiempos, un excelente ejercicio tiene tiempos de entrega, tiempos de revisión y tiempos de re-creación. Advertimos pues que dosificar la comunicación es también dosificar el aprendizaje y aprender -mejor.

Principio 6. La buena práctica comunica elevadas expectativas
Así como hemos de promover el aprendizaje cooperativo y colaborativo entre nuestros estudiantes, nosotros debemos participar en él; como promotores de aquellas buenas propuestas, comunicando aportes, balanceando entre aquella tarea bien hecha y aquella que tuvo elementos para revisar. Saber comunicar y valorar con todo el curso lo que todo el curso hace es una lección de liderazgo para cada uno de sus integrantes, e invita a cada uno de ellos a reconocer y afianzar la comunidad de práctica que en cada escenario se está integrando.

Todo aprendizaje comienza con una pregunta. La tecnología es solo lo que algún binario puso entre nosotros para comunicarla de distintos modos.

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