«Casi nunca entro a internet, apenas reviso mi Facebook»

Esa es la frase usual en ciertos grupos de estudiantes no solo de educación básica y media (primaria, bachillerato), sino universitaria cuando les pregunto por sus hábitos frente a medios digitales.

Si la hacemos consciente y después de varias lecturas, podemos identificar plenamente que las ´brechas digitales´ de las que hablan el gobierno y los medios, más que referirse al segundo concepto más «taquillero» de solución a casi cualquier problemática relacionada con tecnología y educación (el primero es «nativos digitales»), son un tema que debe ser superado dando lugar a ese desfase cada vez más presente entre lo que hacen nuestros estudiantes (ciudadanos digitales) en su vida cotidiana y lo que les estamos ofreciendo en las aulas o cuando son plenamente «estudiantes».

Cuando escuché esa respuesta entre mis estudiantes, como uno más de los puntos en un reporte de investigación en colegios de la ciudad, me decidí a comprobar si eso mismo estaba sucediendo en el ámbito universitario y pude comprobar cómo los hábitos de navegación y uso de pantallas, más allá de permitir identificar si se manejan o no equis tecnologías o dispositivos, subrayan en la escisión existente entre la cotidianidad y el uso de esas tecnologías para aprender, para investigar.

Para quién en este párrafo aún no lo nota, Facebook es el identificativo de «una página más» dentro de internet, de una red social a la que se puede acceder dentro del mismo contexto de internet, no se trata de un espacio al que tengas que conectarte de una manera distinta a la forma en la que lo haces por internet. Y es en ese punto que el análisis toma forma: si internet (donde navegamos), no es -en el imaginario colectivo de nuestros jóvenes- el mismo lugar (cognitiva y actitudinalmente) que aquel en el que se encuentra una de las páginas que se utilizan, la motivación y las vías de acceder al conocimiento también contemplan ya una división (cognitiva y afectiva o actitudinalmente distinta) en el proceso de formación del individuo.

Como docentes deberíamos formarnos y desarrollar formas de enseñar y aprender en contextos más cercanos al cotidiano de nuestros estudiantes; aunque es buen comienzo que utilicemos las TIC por medio de plataformas como Moodle(c) y Blackboard(c), resulta aún inevitable identificar brechas (más que digitales) entre lo que hacemos y lo que usamos nosotros y nuestros estudiantes para aprender y para enseñar.

 

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